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‘El triángulo de Don Pepone’, tres tácticas demasiado efectivas para formatearte el cerebro

AUTOR: El ingenioso hidalgo Don Pepone

Tras años, por no decir lustros, de reflexión y observación, acabo de estructurar tres técnicas de manipulación que los prebostes del “establishment” utilizan para formatear tu cerebro conforme a sus espurios intereses. Estas tácticas se encuentran íntimamente conectadas entre sí, beben las unas de las otras, conforman un trío inseparable al que he bautizado como El triángulo de Don Pepone.

La primera de las tácticas que componen este triángulo es la de crear sofismas, ancestral técnica que consiste en partir de verdades para llegar a conclusiones falsas.

Por ejemplo, demostrar que el sol es imprescindible para vivir, algo verdadero, para terminar justificando que es el astro todopoderoso que preside nuestras vidas y un dios ante el que debemos arrodillarnos en los albores de cada amanecer, algo que es un error.

Pues bien, cabe destacar que todas las ideologías modernas son sofismas, es decir, quimeras que parten de verdades para justificar conclusiones falsas. Por eso, resultan tan arrolladoramente convincentes. Si no partiesen de presupuestos verdaderos, si fuesen erróneas en toda su desnudez, no resultarían tan engañosas. Carecerían de adláteres o adeptos.

La segunda de las estrategias que integran este triángulo es la de convertir verdades secundarias en prioritarias, de tal modo que nuestra atención quede distraída de conservar aquellas que son fundamentales.

Priorizar cosas buenas de una importancia secundaria, terciaria e incluso irrisoria o residual, nos empuja irremisiblemente al olvido de las esenciales. Se trata de una táctica muy astuta para eclipsar o ensombrecer nuestras raíces, puesto que se hace en nombre de la verdad. Por ello, resulta tan arrolladoramente convincente.

La tercera de las técnicas que dibujan este triángulo es la de sobredimensionar una verdad, véase dar una importancia de ocho a algo que tiene una relevancia de tres.

De este modo, queda distorsionada la dimensión de dicha verdad, trocándose en un vicio con ribetes de virtud. Y también, esta distorsión trae consigo una desproporción a la hora de reaccionar en defensa de dicha verdad sobredimensionada. Otra táctica arrolladoramente convincente, que reviste de una elocuencia superlativa a sus predicadores.

Como se puede percibir sin excesiva dificultad, estas tres estrategias guardan una estrecha avenencia entre sí, beben las unas de las otras, caminan de la mano, componen un triángulo.

Sobre esta proximidad entre la verdad y la mentira, alertaba William Shakespeare al afirmar, en su obra Romeo y Julieta, que una línea muy delgada separa al vicio de la virtud.

También, Shakespeare, este puntal de la literatura universal, escribió, en su tragedia teatral Otelo, que “cuando el maligno induce al pecado más negro, primero nos tienta con divino semblante”. Es decir, que el demonio es dado a disfrazar los peores males de soluciones benignas, de tal modo que nos resulten atractivos.

Esta proximidad entre la verdad y la mentira, entre el vicio y la virtud, en definitiva, entre el bien y el mal, la podemos visualizar con nitidez en la Parábola evangélica del trigo y la cizaña, donde la cizaña crece demasiado cerca del trigo, lo que acarrea el peligro de que este último sea devorado por la misma.

Ahora bien, pese a esta dimensión negativa, en la citada Parábola prevalece la positiva, que consiste en que la cercanía del trigo con la cizaña, también, puede provocar que la cizaña sea redimida por el trigo.

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