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El mejor análisis de internet: ¿Cómo seremos después del coronavirus?

Columnista: Íñigo Bou-Crespins

El coronavirus es una espada de doble filo, que traerá refulgentes luces y también, tenebrosas sombras. Esta enfermedad no entiende de maniqueísmos, es decir, del todo blanco o todo negro, del bando bueno versus el bando malo.

¿Cómo serán las relaciones sociales después del coronavirus?

Por un lado, aprenderemos a valorar con mayor gratitud la vida en sociedad.

Por otra parte, nos habremos acostumbrado, más todavía, a trabar nuestras relaciones sociales de manera virtual, es decir, a contra natura.

Hay corrientes futuristas que llevan años tratando de destruir el mundo real, convirtiéndolo en virtual, como si estuviésemos en Matrix. Estos días, no cabe duda de que han ganado la batalla.

¿Cómo serán las relaciones familiares tras el coronavirus?

En unos casos, se reintegrará la unidad familiar, resquebrajada por el individualismo.

Pero, en otros, cabe decir que ya ha provocado divorcios, por culpa del dualismo cónyuge sano, cónyuge intoxicado.

Por un lado, los hay que han aprendido a dar mayor valor a la vida de sus abuelos.

Por otra parte, también, ha generado conclusiones como la siguiente: “Si el coronavirus sólo pone en serio peligro la vida de los ancianos y moribundos, tampoco hemos de preocuparnos tanto”. Lo cual es un razonamiento de lo más cainita, por no emplear otros términos.

¿Cómo afectará a nuestra concepción del siglo XXI?

Por un lado, desmontará el tópico de que somos “la sociedad del progreso”, lo que nos hará más conscientes de que la historia es cíclica, y de que no hay tantas diferencias entre nosotros y nuestros antepasados.

Por otra parte, algunos poderes mundiales fabricarán teorías conspirativas, para dejar de ser ellos la diana de la conspiración. En otras palabras, aprovecharán para criticar las trampas del sistema siendo ellos del sistema, creando así una falsa rebeldía y unos falsos rebeldes. Sabiendo que detentarán la “autoridad” moral de la rebelión, ideologizarán más todavía a mucha gente, haciéndola creer que la están desideologizando. Brotarán por doquier los antiestablishment del establishment, los antisistema sistémicos. Es probable que tú seas uno de ellos.

¿Qué impacto tendrá sobre las naciones?

Por un lado, el combate contra el coronavirus ha hecho necesaria la unidad nacional de mando, arrebatando potestades a los separatistas por cuestiones de emergencia. Ha normalizado, en cierto modo, que el poder de la nación se sobreponga al de la región, dejando de ser políticamente incorrecto.

Por otra parte, las élites mundiales tendrán más poder para debilitar la soberanía de las naciones, haciéndolas más dependientes de las mismas. Esto reducirá la diversidad ideológica a nivel internacional y apuntalará el absolutismo de las plutocracias “globalistas”.

¿Qué consecuencias acarreará para el empleo y la economía?

Por un lado, nos hará bastante más prácticos. Se demostrará que muchas empresas pueden funcionar con el teletrabajo, evitando pérdidas de tiempo y energía con los desplazamientos, ayudando a que la mujer trabajadora y la maternidad no sean realidades enfrentadas, además de recortar elefantiásicos gastos de oficina.

Por otra parte, la duración del coronavirus dejará unas secuelas económicas de complicada reversión e imprevisible salida. Será como un caballo desbocado difícil de embridar. Esto desatará iras populares, enardecerá a las masas y concitará motines callejeros, además de causar malestar y pobreza.

¿Cómo afectará a la dimensión más profunda de la persona?

Por un lado, está consiguiendo que muchos católicos pierdan el miedo a manifestar la Fe en público y a promover campañas de oración. Hacer apostolado a puerta abierta empieza a estar mejor visto.

Pero, por otro, está tentando a gente de religiosidad tambaleante a desacostumbrarse de ir a Misa o a autodispensarse de asistir a la misma cada vez que surja el más mínimo contratiempo. Podría exacerbar tanto la tibieza como el indiferentismo religioso.

Por un lado, es una magnífica oportunidad para enseñar a los jóvenes que la formación religiosa está al alcance de su mano con las nuevas tecnologías y para hacer de las casas lugares de oración.

Pero, por otro, corremos el peligro de que se digitalice en extremo el culto a Dios y que por consiguiente, las prácticas y los templos sufran una puntiaguda desacralización.

Este es mi análisis sobre los pros y los contras que podría traer el coronavirus. He puesto especial celo en ser imparcial, objetivo y en no dejarme atrapar por catastrofismos de corte apocalíptico.

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