Es posible que sea nuestro instinto de supervivencia aquel que nos impulsa a ponderar las diversas opciones que tenemos que elegir en nuestra vida. Por lo que no debería de resultar extraño que en el campo de la literatura también sea necesario decantarse por una opción de entre varias.
Lo que ocurre es que, en el pasado, no ha habido gobierno alguno (presididos por el Partido Socialista Obrero Español o por el Partido Popular) que se haya ocupado de enseñar en el terreno de la literatura a autores de especial relevancia, sino que se han limitado a perpetuar la tradición de la legislatura anterior.
El caso del dramaturgo gaditano Pedro Muñoz Seca (1879-1936) no se ha convertido en una excepción. El genial autor, considerado por el dramaturgo Federico Sainz de los Robles (1898-1982) como el fénix del siglo XX y, que su obra fue descrita por Ramón María del Valle-Inclán (1866-1936): «Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro». Con todo lo expuesto en las líneas anteriores, no debería de existir motivo alguno por el cual este literato no sea merecedor de estudio en el aula escolar o, incluso, en la universitaria.
Llegados a este punto, nos encontramos ante una verdad: Pedro Muñoz Seca, como todo buen intelectual, era simpatizante de lo que, tradicionalmente, ha sido calificado como ideología de la derecha. No importa su ideología. Si tenemos presentes las líneas precedentes, no debería de resultar extraño que Muñoz Seca sea un gran desconocido para la mayoría de los estudiantes.
Es una pena ya que el autor de La venganza de don Mendo destilaba un humor característico. Un humor que mantuvo hasta los últimos momentos de su vida. Para aquellas personas que lo desconozcan, las últimas palabras que el genial dramaturgo dirigió hacia aquellas personas que le iban a asesinar se convirtieron en una muestra de su excepcional carácter, ya que fueron: «Me lo habéis quitado todo: la familia, la libertad, pero hay algo que no me podéis quitar: el miedo que tengo».
Estas palabras, pronunciadas el 28 de noviembre de 1936, muestran la sobrada agudeza de ingenio que poseía el genial literato. Es posible que a muchas personas les resulte familiar el nombre del poeta de granadino Federico García Lorca (1989-1936) que murió fusilado en Viznar (Granada). Una vez que se ha expuesto esto, la mentalidad de una persona que tenga una visión de la historia inmaculada y que su mente no se encuentre sometida a prejuicios (habitualmente por la Izquierda) podrá llegar a esta conclusión: ¿Acaso los militantes de la derecha eran unos bárbaros y no hacían cosa alguna que segar la vida de los intelectuales?
Posiblemente, la persona que tenga estos pensamientos, no se haya percatado de que en el ámbito de la enseñanza, que constituye uno de los terrenos más delicados de las personas y del Estado, se encuentra politizada. En mi recuerdo quedan aquellos estudios de la Educación Secundaria Obligatoria en el que tuve la oportunidad de leer la obra de teatro de Muñoz Seca: La venganza de Don Mendo, escrita en el año de 1918.
Los días de aquel lejano año, fueron importantes para el dramaturgo nacional, porque fue en aquellos tiempos en los que La venganza de Don Mendo, su obra más famosa, fue estrenada en el Teatro de la Comedia y tuvo su inspiración en el humor británico del nonsense.
También, en su obra de teatro, Anacleto se divorcia, escrita en 1932 junto a Pedro Pérez Fernández y que consta de únicamente de tres actos, se puede reconocer una aguda sátira hacia la recién Ley de Divorcio, que tuvo su aprobación por el gobierno de izquierdas de la Segunda República (1931-1939). No hay que olvidar que estos partidos políticos llegaron al poder en 1931, después de ignorar la voluntad de la mayoría de los españoles que votaron por las candidaturas monárquicas.
Si no hemos estudiado al genial autor en nuestro Plan de Estudios no nos debe de resultar extraño, ya que el actual gobierno ha llegado al Palacio de la Moncloa, no por medio de las urnas, sino pactando con la extrema izquierda y con los partidos independentistas. Pero esto, al igual que nuestro dramaturgo fusilado en Paracuellos del Jarama el 28 de noviembre de 1936, no constará en los libros de historia.
Y no constará en estos libros, porque en este país que, andamos sobrados de ideas revolucionarias, nos falta sensatez para perpetuar las tradiciones y, sobre todo, andamos escasos de arrestos para expresarlas en público, que es el primer paso para que estas ideas se conviertan en realidad. Así, lo expresó el genial escritor estadounidense Mark Twain (1835-1910) en su famosa frase: «Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa».
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